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Wamba, el godo

Wamba, el godo
23/10/2019


POR NIEVES CONCOSTRINA

España tiene 8.131 municipios con nombres que empiezan con las 28 letras del abecedario. Infinidad de ellos comienzan con a, muchísimos con ce, gran cantidad de ellos con uve, con erre, con te… pero solo uno, única y exclusivamente uno de los ocho mil y pico, empieza con uve doble: Wamba.


Pertenece a la provincia de Valladolid y, en este caso, no vale preguntarse qué fue antes, si el huevo o la gallina, porque tenemos la respuesta. ¿El rey godo se llama así porque era de ese pueblo castellano, o pusieron ese nombre al pueblo porque el rey era de allí? Pues ni una cosa ni la otra. Todo fue fruto de la casualidad. Reinar no entraba en los planes del que acabaría siendo rey, ni aquella minúscula villa visigoda contaba con ser el único pueblo español con nombre tan exclusivo.


Wamba ocupa uno de los últimos puestos en la soporífera lista de los 33 reyes godos. Comenzó a reinar casi al final de aquella visigoda península ibérica, en el año 672, y lo hizo prácticamente a la fuerza. A él, la verdad, no le apetecía nada. Pero se murió de golpe Recesvinto, su predecesor, mientras descansaba en su villa cercana a la actual Valladolid, y allí mismo trincaron a Wamba para que lo sucediera. No pararon hasta que aceptó; y como aceptó allí mismo, aquel minúsculo pueblín adoptó el nombre del nuevo rey para conmemorar el evento. Eso cuentan.



Wamba reinó durante ocho años, hasta que, por fin, consiguió jubilarse. Se retiró al monasterio de San Vicente de Pampliega, en Burgos, allí mismo murió y allí mismo fue enterrado. Nada de sepulcros suntuosos pese a su categoría real. Muy al contrario, fue sepultado de forma tan humilde que su sepultura pasó desapercibida cuando en plenas guerras de conquista, los musulmanes arrasaron el monasterio. A veces, no siempre, lo bueno de estar enterrado cuando el enemigo arrasa es que el difunto está a cubierto, y eso le ocurrió a Wamba, que el monasterio quedó para el arrastre del suelo para arriba, pero no del suelo hacia abajo. Refugiado en la tranquilidad de su tumba permaneció Wamba durante seis largos siglos, hasta que en 1274 pasó por allí el rey castellano Alfonso X.


Informado de la presencia (o no, vaya usted a saber) de un homólogo allí arrumbado, “El Sabio” no aceptó perpetuar semejante ofensa y ordenó el traslado de los restos a Toledo, a la iglesia de Santa Leocadia, para darle la sepultura que merecía. Una decisión que, a ojos de los pampliegueños del siglo XIII, no resultó ni sabia ni acertada. Se quejan todavía hoy los vecinos de Pampliega de que se llevaron los huesos de su querido Wamba (o no, quién sabe) con nocturnidad y alevosía. Otras fuentes, sin embargo, indican que los pampliegueños, aunque inicialmente se opusieron al traslado de los presuntos huesos, al final aceptaron los favores con los que les colmó Alfonso X para que el día del traslado “se hicieran los dormidos”. He aquí la explicación por la que a Pampliega se lo conocía antes como “El pueblo de los dormidos”. Como leyenda, puede valer, pero, como a todas las leyendas, hay que hacerle el caso justo. Es decir, ninguno.



Alfonso X instaló los presuntos huesos de Wamba en Santa Leocadia, donde ya estaba enterrado otro colega, Recesvinto, y con quien el recién llegado compartió cinco siglos y pico de tranquilidad. Hasta que, en 1808, se dejaron caer por la zona los franceses, aquellos que dejaban un estropicio por donde pasaban. Las tumbas de Recesvinto y Wamba no iban a ser una excepción. O sea, si hasta ahora podíamos albergar sospechas respecto a que los huesos de Wamba hubieran “sobrevivido” a las hordas musulmanas, y si estamos en el derecho de temer que Alfonso X el Sabio se hubiera llevado los restos de otro, cómo no tener serias dudas de que fueran huesos godos lo que luego trasladaron a la catedral de Toledo en 1845 por orden de Isabel II y de la Comisión de Monumentos Artísticos e Históricos tras rescatarlos del desbarajuste que dejaron los galos. Se supone que allí permanecen desde entonces Wamba y Recesvinto, en la sacristía de la seo toledana. Solo se supone.


Quizás por ello cueste entender que el Ayuntamiento de Pampliega lleve desde el año 2014 empeñado en que les restituyen los huesos de Wamba que Alfonso X les birló mientras se hacían los dormidos (o no). ¿Quiere Pampliega los huesos de un rey aun sin saber si los llevó puestos el rey? ¿Les da igual lo que les den con tal de que les den algo a lo que sacar rendimiento turístico? ¿Tanto cariño tienen a un godo que pasó su jubilación por aquellos lares hace mil trescientos y pico años?


Y, por último, ¿quién demonios dijo que los reyes godos son aburridos?


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